EL ENIGMA DE LO INDETERMINADO. Gustavo Dessal (Psicoanalista y escritor).
Que el inconsciente haya sido admitido en el campo médico, psicológico, sociológico y otras disciplinas que incumben a lo subjetivo, no significa que el psicoanálisis haga de ese concepto y de la función que cumple en la vida humana algo que nos autorice a sostener la idea de un determinismo absoluto. Si la conclusión del psicoanálisis fuese que el ser humano es un mero juguete de su inconsciente, una víctima ignorante de la causalidad que mueve los hilos de sus deseos, sean estos sublimes o pervertidos, deberíamos exonerar a todos y cada uno de nosotros de cualquier responsabilidad sobre nuestros actos y sus consecuencias. Nos veríamos conducidos a la absurda idea de que el inconsciente sería la coartada perfecta, la proclamación de que la libertad del hombre está por principio inhabilitada, maniatada, o es sencillamente inconcebible.
El sujeto, tal como el término lo expresa, está sujetado a una serie de marcas, representaciones, símbolos y significaciones enigmáticas que conforman la trama textual de toda vida humana. Lo que el psicoanálisis ha descubierto bajo el término inconsciente es que ninguno de nosotros es el autor de su texto, sino el personaje que actúa en el interior de una ficción escrita por Otro, en particular por ese Otro primario, pre-existente, determinante, que es el deseo de los padres.
El sujeto está sujetado a la inexorable acción, seducción, subducción de ese deseo, que puede imponérsele bajo las figuras del ideal, la extorsión, la amenaza, la culpabilidad, el deber o tantas otras. Pero Lacan no retrocedió jamás respecto de una afirmación decisiva: “De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”.
La clave es aquí el término posición, que introduce de forma subrepticia pero decidida la afirmación de que el sujeto toma una posición frente a aquello que lo constituye. Tomar posición no significa que el sujeto elija en términos de libertad y de conciencia. Pero todo el desarrollo que el psicoanálisis ha hecho de la ética parte de ese instante, absolutamente contingente y cronológicamente imposible de fechar, en el que un ser humano le imprime su propio sesgo a las determinaciones y los azares de la vida que le han salido a su encuentro, sesgo que le confiere a ese sujeto su carácter único, irrepetible, y cuya causa es imposible de atrapar. De allí que el psicoanálisis contemple como deber ético el compromiso que todo sujeto debe tener en la búsqueda y en la elaboración de las cartas de su destino, así como en la asunción del estilo singular con el que ha jugado la partida.
Para no dejar a medias esa frase, es preciso acentuar el “siempre”, lo que introduce en lo contingente de la posición de un sujeto el universal de una responsabilidad que ni siquiera en la psicosis hallaría su excepción. Si el cuerdo y el loco comparten esta condición de sujetos responsables, también participan, aunque en distinta medida, en algo que nadie mejor que Kafka supo expresar, y que el discurso analítico formalizó teóricamente. Hay algo en la ley que no puede ser enteramente comprendido. El ser hablante no está habilitado para subjetivar la totalidad de la ley, y su introyección está siempre condicionada a una cierta imposibilidad.





